AZAR

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T:   TAL COMO REVOLTIJO ( o CENTÓN o PUZPURRI o BARAJA) DE COSAS ECHADAS AL AZAR ES EL MÁS HERMOSO REVOLTIJO, ASÍ EL MUNDO.

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© (…) Lo que razón aquí sugiere es que esa ordenación de las ordenaciones o realidad de las realidades ya no es una realidad, ya no u n a ordenación, sino que se confunde con el principio mismo de ordenación o fuego, que es, según hemos oído, la razón en cuanto se manifiesta como realidad; y lo sugiere certeramente por la vía de formular aquí la identificación entre azar y ordenación: con respecto al cosmos u ordenación toda pasa algo semejante a lo que pasa con esas especiales estructuras que son los centones, los puzpurris o la baraja bien barajada antes de empezar el juego: que para ellas la mejor gracia y el orden más hermoso consiste en en el más rico barullo y el desorden más perfecto (nótese la peculiar contradicción que late en el sintagma `desorden perfecto´), en el que queden los menos posibles restos reconocibles de una ley de ordenación: también para el mundo de los mundos, siendo sin fin y sin principio (nº 81), lejos de regir la ley de oposiciones mutuas, proporciones y estructuras que constituyen cada mundo (y cada cosa), lo que rige es la identificación entre los que son para las realidades polos opuestos, el azar más caprichoso y la más rígida de las leyes; pues no hay libre capricho, azar caótico ni suceso inmotivado que para la razón misma ( no para las ideas de sus seres contrapuestos se hagan de ella) no sea lógica y resultado de su propia razón como ordenación que se realiza como fuego constructor y destructor de mundos; dicho ridículamente, el capricho de la razón es la ordenación, y así el caos o sin fin que de la Realidad a nosotros se nos aparece (en cuanto renunciamos ala falsificación de hacer que el sin fin sea un todo y ordenarlo según la ley de los todos parciales) es la ley de la ordenación para la razón misma.

Y era seguramente importante que razón hiciera constar aquí esto, no fuéramos a recaer en pensar que el Fuego era un ordenador o creador del Todo, una medida, módulo o criterio de la ordenación total, cuando se nos ha dicho (nº81) que él es, en todo caso, un creador de medidas, y mejor dicho, que las medidas son su acción misma, su encenderse y apagarse, en cuanto manifestación real de la razón o lenguaje de la realidad; así que era bien proclamar expresamente que la contradicción entre azar y ley es cosa de  los todos parciales que razón o lenguaje presentan como ordenaciones fundadas en la contradicción entre los seres, pero que la razón misma es la anulación de esa contradicción entre azar y ley. (…)

R.C./A.G.C./p. 246-247

Acerca de Isasa

...una costra de piojo aferrada a la corteza de esta tierra mientras cae en lo sin fin.
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2 respuestas a AZAR

  1. gilberto dijo:

    “…La dicotómica ontología heredada del presocrático debate entre Heráclito y Parménides rige aún nuestros criterios epistemológicos a la hora de entender al hombre y su mundo. A un lado, el río que “fluye” sin que podamos bañarnos en él dos veces, se hace presente en la posmodernidad líquida de Zygmunt Bauman. Al otro lado, la sólida roca del ser que simplemente “es”, permanece entre nosotros en el positivismo y el monolítico realismo filosófico…

    “…En medio de ambos se encuentra la experiencia histórica (holística e individual) de la simultaneidad del cambio y la permanencia, es decir la plasticidad. Algo fluye y algo queda. Permanencia y cambio se hacen presentes a través del co-condicionamiento entre símbolos y materialidad y a causa de la “dependencia en el rumbo” generada por los sistemas con memoria. Las cartas del juego de la historia social están marcadas pero por el propio hombre. En el juego de la historia social, la racionalidad individual se crea y recrea sobre la base de los juicios arbitrarios que el hombre pronuncia sobre sí, los otros, la trascendencia, el tiempo y el espacio…”

    Juan Recce, Poder Plástico. El hombre simbólico materialista y la política internacional, IPN Editores, Buenos Aires, 2010, p. 23 ss.

    • Irena dijo:

      Muy interesante.
      Me solivianto cada vez que escucho repetir el tópico de que no podemos bañarnos en el mismo río apelando a la autoridad de Heráclito cuando lo que ocurre es que nos bañamos una y otra vez en los mismos tópicos.
      Heraclito dice “nos bañamos y no nos bañamos” pero por el camino se perdió la mitad del razonamiento.
      Curioso que andaba estos días enfurruñada pensando en ello.
      Echaré un vistazo al libro.
      I.

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