Abajo el cielo

(…)Ha llovido ayer y, por una vez, el arroyo seco, sobre el triste lecho de cemento que le han echado, tiene unos largos charcos serenos bajo el cielo limpio. Asómate, hombre, y mira a eso, tanto, que el charco ofrece tan de balde: ahí cruzan los vencejos como locos por la hondura y pasa lenta volando boca arriba la cigüeña, y marchan más a lo hondo, llevadas de viento que no se siente o de suspiro de ángeles perdidos, rebaño de nubecillas blancas, ya casi sonrosándose, y más hondo aún asoma el lucero parpadeante, y ya las estrellas sin fin haciéndote guiños de entendimiento: ese de ahí abajo, ése es el cielo de verdad.

R.R./A.G.C./p. 315-316

Acerca de Isasa

...una costra de piojo aferrada a la corteza de esta tierra mientras cae en lo sin fin.
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